Karl-Otto
Apel es junto a Jürgen Habermas uno de los fundadores de la
ética de la comunicación o ética del discurso. También es uno de los teóricos
más influyentes de la Escuela de Frankfurt. Apel ha elaborado trabajos sobre la
ética comunicativa y la teoría de la verdad.
En el
texto sobre “la teoría de la verdad y
ética del discurso”, Apel centra su exposición en tratar de responder a la
pregunta si son compatibles o no la teoría de la verdad con la ética del
discurso.
Para
discernir sobre este cuestionamiento, en el estudio introductorio del libro, Adela
Cortina nos adentra en torno al pensamiento de Apel, estableciendo en primer
término el concepto de antropología del conocimiento, que consiste en desentrañar la
verdad, a partir del uso del lenguaje práctico en lo que se ha dado en llamar
la ética del discurso.
Para
el autor, nos reseña Adela Cortina, debe sustituirse en aras del conocimiento,
el “yo pienso” en la lógica de Kant, por el “nosotros argumentamos”, ya que el
ejercicio argumentativo del diálogo nos conmina actuar y reflexionar sobre el
significado de las cosas.
También
se menciona en el estudio introductorio que la verdad se construye con
evidencias y con el consenso que se construye a partir de argumentos sobre una
parte de la realidad. Empero, las verdades son relativas o falibles, varían en
razón del tiempo y de las circunstancias en que se emiten, por lo tanto, la
verdad puede ser modificada en razón de la propia evolución de los argumentos.
Una
parte fundamental en el planteamiento de Apel tiene que ver con la
responsabilidad, tanto en la participación en el diálogo, como en la emisión de
sus posibles conclusiones al generarse el conocimiento de las cosas. Por ello,
nuestro autor enuncia que ética dialógica.
En
los siguientes apartados del libro se refuerza la idea de que en el desarrollo
del conocimiento todas las personas están posibilitadas –legitimadas- para
participar. El conocimiento es una especie de diálogo que implica un ejercicio
razonado de argumentos. Es parte del derecho de participación. Incluso el autor
refiere a este ejercicio como el fundamento ético de una democracia
participativa.
Pero
en el ejercicio de esta participación “dialogada”, existen responsabilidades,
una exigibilidad moral de respeto a los argumentos y a los consensos para
solucionar los problemas, y un compromiso con la ética del discurso.
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