1. ¿Cómo define el autor a la ciencia?
Como una antropología del conocimiento,
que consiste en el desentrañamiento de la verdad. Se presenta entonces como una
ampliación de la teoría del conocimiento tradicional, de modo tal, que no sólo
se descubran las condiciones para una representación unitaria y objetivamente
válida del mundo, sino también que estos conocimientos puedan transmitirse por
medio del lenguaje práctico en lo que el llama “una ética del discurso”. Es decir, serán motivo de la ciencia
todas aquellas condiciones de validez del conocimiento, siempre y cuando, estas
afirmaciones puedan ser transmitidas mediante el uso del lenguaje.
2. ¿Qué entiende por teoría de la ciencia?
Para Apel –al formar parte de la
escuela de Frankfurt, integrada entre otros por Hebermas- la ciencia es una
expresión del diálogo y el ejercicio de la ética discursiva. Por ello, remite a
la concepción de la antropología del conocimiento. De ese modo, ilustra el
autor que puede sustituirse el “yo pienso” en la lógica de Kant, por el
“nosotros argumentamos”, porque la ciencia es el resultado del ejercicio
argumentativo que nos conmina a actuar y a reflexionar sobre el significado de
las cosas.
3. ¿Cuáles son las características de la
teoría de la verdad?
La teoría de la verdad se caracteriza
por el cúmulo de las evidencias que son objeto de conocimiento. La verdad se
conforma con el consenso en torno a la forma en que se miden estas evidencias.
Para Apel esas evidencias son: el sentido de verdad, la coherencia, la
veridicidad y la justeza.
De esa manera, pensamos en torno a la
verdad, no en relación con el mundo separado de las ideas, no como
“conformidad” con ideas trascendentes, sino como aquello que podría ser
defendido ante un conjunto de interlocutores y aceptado por ellos.
La verdad como coherencia está referida
predominantemente al ámbito lógico, y la evidencia de la experiencia está
basada en el encuentro con el ser-así
de la realidad.
Así, la teoría de la verdad que sostiene Apel tiene una dimensión moral. La
verdad queda representada por el consenso último al que se aspira (la pretensión
de verdad) y fáctico porque es revisable y falible. Para que esta concepción de
la verdad no quede reducida a una mera visión subjetiva, Apel intenta
complementarla con la evidencia como criterio supremo de verdad, para el cual,
el lenguaje es una especie de anclaje que recoge las experiencias de las
personas. Finalmente Apel realiza una vinculación entre el lenguaje y la
experiencia, así como los problemas que se presentan en la relación entre el
consenso y la evidencia.
4. ¿A qué le llama Apel la verdad en la
ciencia?
La llama a la verdad consensuada. En ese contexto,
la investigación científica como forma de producir conocimientos, tiene una carga
ética muy fuerte porque bastaría el acuerdo de muchos para considerar como
verdadero un resultado sin que éste se haya obtenido como resultado de la
aplicación de un método de investigación.
En ese sentido, también la verdad como resultado del trabajo de investigación es mutable –no absoluta- y, por lo tanto, se tendrá que tomar en cuenta el tiempo, incluso el lugar en que el conocimiento se comunica o la forma en que éste se consensa para determinar a cabalidad su verdad.
La ética entonces está ligada a la comunicación del resultado. En este tenor hablaríamos de la ética del investigador, de qué cualidades morales lo conforman, y de los intereses políticos, económicos y personales que lo motivan.
5. ¿Cuál es la perspectiva del
conocimiento que argumenta Apel?
Todo conocimiento viene mediado por
signos y ningún signo puede ejercer su función de representación para una
conciencia sin un mundo real que tiene que pensarse como objeto de
conocimiento. De modo que la distinción entre lo cognoscible y lo incognoscible
carece de sentido, y sólo lo tiene la distinción entre lo ya conocido
fácticamente por una comunidad finita de investigadores y lo que todavía puede
ser conocido por una comunidad ilimitada en un proceso indefinido de
conocimiento.
6. Opinión sobre el libro.
El libro refuerza la idea de que en el
desarrollo del conocimiento todas las personas están posibilitadas
–legitimadas- para participar. El conocimiento es una especie de diálogo que
implica un ejercicio razonado de argumentos. Es parte del derecho de
participación. Incluso el autor refiere a este ejercicio como el fundamento
ético de una democracia participativa.
Pero en el ejercicio de esta
participación “dialogada”, existen responsabilidades, una exigibilidad moral de
respeto a los argumentos y a los consensos para solucionar los problemas, y un
compromiso con la ética del discurso.
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